Ese Espacio Indefinido

Origen de la idea

Este libro reúne microrrelatos, cuentos, narraciones y prosa poética. Textos que, en algunos casos, no son ni-una-cosa-ni-la-otra.

Siempre me resultó difícil atenerme a definiciones concretas, tener que ceñirme a etiquetas o designaciones. Hasta el día de hoy, si me preguntan a qué me dedico, no sé muy bien cómo contestar. He hecho muchas cosas muy diferentes a lo largo de mi vida. Y este libro es un poco eso; una forma de llevar un mensaje a través de la exploración y el juego. Sin dejar en ningún momento de darle un valor al sentido del cuento en sí, de lo que quiero decir.

Todo empezó con un blog que se llamaba Errante & Errata. Allí nació el primer cuento. Y luego otro y otro. Ese blog ya no existe más. Pero los textos siguen vivos en este libro y otros que no fueron publicados hasta el momento pues exigen de una revisión exhaustiva que todavía no he hecho.

Dos microrrelatos

El concierto

Cada vez que iba a visitarla, su abuela le preguntaba si escuchaba la música de fondo; pero Raquel no la escuchaba.

—Es una pena, porque es hermosa—decía—; es un concierto de Bach.

La abuela sonreía, con la mirada perdida, mientras movía rítmicamente la cabeza hasta quedarse dormida en el patio, en su silla de plástico verde que parecía inmensa bajo su reducido cuerpo.

Estaba quebradiza como un tallo reseco. Dijo que el concierto estaba por acabar. Pidió a Raquel que la ayudara a llegar hasta el tocador de su cuarto, donde tantas veces había cepillado su larga cabellera gris, o maquillado sus ojos antes de salir tomada del brazo de su marido a alguna cena con amigos que ya no estaban con vida.

“Allí dentro hay algo para ti”, dijo.

Raquel abrió el cajón y retiró una bolsa repleta de caramelos; los mismos que le daba cuando era pequeña, aquellos caramelos rusos con dulce de fruta que tanto le gustaban y de los que aún conservaba el sabor en la memoria, como se recuerda el olor de los árboles que nos cobijaron una tarde infantil, siempre el mismo, o somos capaces de invocar sitios que no hemos vuelto a ver hasta describirlos con precisión, o cantar sin equivocarnos canciones que creímos perdidas en el camino a la madurez.

La abuela volvió a preguntar:

—¿Escuchas el concierto?

—No abuela, no lo escucho. ¿Qué toca ahora?

—No lo sé —dijo—. Pero es hermoso.


El Pelao

—Esa noche que nos acostamo, Pelao, fue como…—buscó la expresión adecuada y no vino. Apretó los labios. Miró alrededor. Entonces vio a la niña que canturreaba y hamacaba sus pequeños pies en el aire a causa de su corta estatura en comparación con la silla donde la habían sentado para que no molestara y que, también por eso mismo, había recibido un cuaderno y un lápiz en el que ahora escribía letras enfiladas en forma circular como si estuviese dibujando un collar de palabras en la que cada letra semejaba una cuenta; y entonces, volviendo la cabeza hasta encontrarse nuevamente con la mirada atenta del Pelao, dijo entusiasmado—: ¡Fue como dejar de ser anarfabeto!, ¿entendé?

Y el Pelao, que nunca había tenido la suerte, sonrió hasta que fue posible ver que le faltaban dos dientes, que tenía la dentadura picada por la nicotina y que, al parecer, ninguna de las dos cosas le perturbaba demasiado. Se rascó la zona más brillante de su desnuda cabeza, y respondió, con toda espontaneidad—: «no, che».



Si lo quisieras comprar:

En Amazon como libro impreso y como ebook, formato Kindle (Mobi)