Me llevó mucho tiempo comprender, como se aprehende, que las cosas importantes de verdad llevan mucho tiempo. Que lo que llega rápido, rápido se desvanece. Y no necesariamente porque desaparezca, literalmente hablando,sino porque el valor otorgado será casi siempre -y bien es que así sea- directamente proporcional al esfuerzo que la obtención de dicho beneficio nos ha exigido. Si está presente pero no es valorado es casi como si no estuviera. No será un logro. Será un regalo. Nada de lo que sentirse orgulloso. Como la belleza que nos toca o no en suerte. El logro será saber ver la belleza más allá de lo estipulado, más allá de las normas. Más allá incluso de nosotros mismos. Y eso, también lleva tiempo.

2 comentarios en “”

  1. Cierto. Muy cierto, tanto como que el valor “tiempo y aprendizaje” está menospreciado por sectores (cada vez más amplios) de la juventud actual. La inmediatez y la prisa son los valores en alza… tanto a nivel personal como global. Las redes sociales, la prensa digital, el acceso a ellas casi “en vivo y en directo” han “matado” la prosa y la creatividad… además de la ética.

    Un abrazo (o dos).

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